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Por qué te saturas emocionalmente aunque “no pase nada grave”

La saturación emocional puede aparecer sin un motivo claro, y suele estar relacionada con la forma en la que procesas las emociones, la sensibilidad interna y la carga emocional que absorbes de tu entorno

Mujer saturada emocionalmente acostada en la cama

Hay algo que me he observado muchas veces.

Y no creo que sea algo aislado.

A veces me saturo emocionalmente sin que, objetivamente, esté pasando nada grave.

Son pequeñas cosas del día a día que, por dentro, tienen un impacto mucho mayor del que parecería lógico desde fuera.

Como cuando me propongo terminar algo y no lo consigo en ese momento.

Sé que podría hacerlo al día siguiente sin problema.

Pero aun así aparece una sensación de frustración.

Como si no hacerlo en ese instante tuviera un peso emocional mucho mayor del que realmente tiene.


Cuando la emoción no sigue la lógica de lo que ocurre


Con el tiempo he entendido algo importante.

La saturación emocional no siempre tiene que ver con la magnitud de lo que pasa fuera.

Las emociones no funcionan de forma lineal ni proporcional.

Suben, bajan, aparecen y desaparecen como olas.

Y muchas veces no responden solo a lo que ocurre en el presente.

A veces algo pequeño activa algo más profundo.

Algo que ya estaba ahí, aunque no lo hubieras identificado.


La saturación emocional también se contagia


Otra cosa que he observado es que no todo lo que siento viene de mí.

Hay días en los que me siento emocionalmente saturada simplemente por lo que escucho de otras personas.

Esta semana, por ejemplo, tres personas distintas me han contado situaciones muy difíciles.

Y he notado cómo eso me atravesaba más de lo esperado.

Hasta el punto de casi emocionarme con ellas.

Y ahí aparece una idea importante.

La hipersensibilidad emocional no es solo interna.

También es relacional.

Las emociones se transmiten.

Se contagian.

Y a veces las absorbemos sin darnos cuenta de cuánto nos están influyendo.


Comprender al otro cambia lo que sientes


Hace poco terminé un libro que me recomendó un compañero de trabajo.

7 semillas de luz en el corazón de los guerreros (la traducción es literal porque lo leí en francés).

En la historia, el protagonista atraviesa distintos aprendizajes para poder actuar con claridad en situaciones complejas.

Hay un ejercicio que me llamó mucho la atención.

Consistía en intentar comprender profundamente al otro antes de reaccionar, para no dejarse arrastrar por la ira.

Y me quedé pensando en esto durante días.

Porque muchas veces lo que sentimos cambia cuando entendemos lo que hay detrás de la otra persona.

Cuando dejamos de reaccionar solo a la superficie.

Y empezamos a mirar un poco más profundo.


Entender no es justificar


Aquí hay algo importante que también quiero dejar claro.

Entender a alguien no significa justificar lo que hace.

Hay personas con las que nos cruzamos que nos generan malestar o daño.

A veces las llamamos “tóxicas”.

Pero personalmente no me gusta ese término.

Porque simplifica demasiado la realidad humana.

Creo que muchas veces no es que alguien sea tóxico, sino que está actuando desde su propio sufrimiento o desde una falta de recursos emocionales.

Esto no elimina el impacto que puede tener en los demás, pero sí cambia la forma en la que interpretamos lo que ocurre.


Una experiencia de la infancia que cambió mi forma de ver las emociones


Recuerdo algo de cuando era pequeña.

En un campamento de verano había una niña con la que todos se llevaban mal.

Era sorda y llevaba aparatos.

Desde el primer día su comportamiento era muy defensivo, incluso hostil.

La mayoría de los niños la evitaban.

Incluso una compañera me dijo que era mejor no acercarse a ella.

Yo repetí eso en casa.

Y mi abuela me explicó algo que me hizo cambiar completamente la forma de verla.

Me dijo que la sordera puede aislar mucho a una persona.

Que puede generar la sensación de que los demás hablan mal de ti o se ríen, aunque no sea cierto.

Y que desde ahí es fácil que una persona se proteja antes de tiempo.


Cuando cambias la mirada, cambia la reacción emocional


Al día siguiente decidí acercarme a ella.

La saludé.

Intenté tratarla con normalidad, sin juicio previo.

Y algo cambió.

Su actitud también cambió.

De repente no era la niña hostil que todos evitaban.

Era alguien más abierta, más tranquila.

Incluso contenta.

Tanto que quiso venir a comer a casa de mi abuela aquel mismo día.

Ese momento se me quedó grabado.

Porque me enseñó algo importante.

Lo que vemos en la superficie no siempre refleja lo que está ocurriendo dentro de una persona.


Cuando no sabes qué emoción estás sintiendo realmente


Desde entonces me he hecho muchas veces la misma pregunta.

¿Cuántas veces te has enfadado cuando en realidad estabas triste?

¿Cuántas veces has reaccionado con irritación cuando en realidad estabas saturada, cansada o emocionalmente sobrepasada?

La gestión emocional no siempre consiste en controlar lo que sientes.

A veces consiste en identificar correctamente lo que estás sintiendo.

Porque no siempre es lo que parece.


Por qué te saturas emocionalmente aunque “no pase nada grave”


Y aquí es donde todo esto se une.

La saturación emocional aunque “no pase nada grave” ocurre porque muchas veces no estás reaccionando solo al presente.

Estás absorbiendo emociones de otras personas sin darte cuenta.

Estás respondiendo a pequeñas situaciones que conectan con capas emocionales más profundas.

Y a veces lo que sientes no es una sola emoción, sino una mezcla difícil de identificar en el momento.

No es que seas demasiado sensible.

Es que estás percibiendo más información emocional de la que estás procesando conscientemente.

Y eso puede generar saturación emocional incluso en días aparentemente normales.


Aprender a observar lo que sientes sin juicio


No siempre podemos evitar lo que sentimos.

Pero sí podemos empezar a observarlo con más claridad.

Sin juzgarlo.

Sin intentar corregirlo demasiado rápido.

Solo entendiendo qué está ocurriendo dentro.

Porque cuando empiezas a ponerle nombre a lo que sientes, deja de ser tan confuso.


Cuando necesitas volver a escucharte


Si te ocurre a menudo que te cuesta entender lo que sientes o que te saturas emocionalmente sin una causa clara, he creado una guía gratuita que puede ayudarte a empezar a reconectar contigo misma.

Se llama Redescúbrete.

Es un punto de partida para empezar a escucharte con más claridad, sin exigencia y sin presión por hacerlo perfecto.

Puedes descargarla aquí y empezar desde donde estás ahora:


Lo que cambia cuando entiendes mejor tus emociones


Al final, no se trata de sentir menos.

Sino de entender mejor lo que estás sintiendo.

Porque cuando empiezas a reconocer tus emociones con más claridad, dejan de desbordarte tanto.

No porque desaparezcan.

Sino porque dejan de ser confusas.


Un espacio para seguir profundizando


Si este tipo de reflexiones te resuenan, en mi newsletter comparto ideas sobre emociones, autoconocimiento y bienestar emocional desde una perspectiva cercana y cotidiana.

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