Fatiga femenina invisible: por qué el descanso no siempre recupera tu energía
- Marina Jerez

- 24 jun
- 4 min de lectura
Muchas mujeres viven con la sensación de estar cansadas todo el tiempo aunque descansen, sin saber que la fatiga no siempre se resuelve con reposo, sino con el tipo adecuado de movimiento, estímulo y equilibrio interno

El otro día vi un vídeo corto de una psicóloga que hablaba de algo que me hizo pensar.
Decía que hay distintos tipos de cansancio, y que la mayoría de personas, cuando se sienten agotadas, asumen automáticamente que necesitan descansar.
Pero esto no siempre es cierto.
A veces el problema no es la falta de descanso, sino otra cosa completamente distinta.
Cuando el descanso no soluciona el cansancio
Hablamos mucho de “me siento cansada todo el tiempo”, pero pocas veces nos preguntamos qué tipo de cansancio es.
Porque no todo el cansancio se resuelve durmiendo más o parando más.
La psicóloga planteaba una pregunta interesante.
¿Estoy realmente cansada… o es la falta de actividad lo que me está cansando?
Porque el sedentarismo también genera fatiga.
Y aquí aparece una paradoja que vemos mucho en consulta.
Cuanto más cansada te sientes, más tiendes a descansar.
Pero cuanto más descansas sin moverte, más cansancio aparece.
Y sin darte cuenta, entras en un círculo del que es difícil salir.
El cuerpo necesita movimiento tanto como descanso
Cada semana recibo muchas personas en consulta con dolor crónico y sensación constante de cansancio.
Una pequeña parte de ellas está realmente sobrecargada por exceso de actividad y necesita aprender a descansar mejor.
Pero la mayoría no realiza prácticamente ningún tipo de actividad física ni mental durante el día.
Y eso, lejos de ayudarles, está alimentando su fatiga.
También empeora el dolor corporal.
El cuerpo no está diseñado para la inactividad prolongada.
Se adapta a lo que le damos.
Una experiencia personal con el movimiento
Antes de ser madre, iba al gimnasio con una amiga muy temprano por la mañana, antes de trabajar.
Llegábamos sobre las 7 y salíamos hacia las 8.
No te voy a engañar, había días en los que costaba levantarse.
Pero la energía que me daba esa hora de movimiento era difícil de comparar con cualquier otra cosa.
Me sentía activa, fuerte, presente en mi cuerpo.
Como si todo el día se organizara mejor después de ese momento.
Porque el cuerpo pide movimiento si está acostumbrado a moverse.
Pero también pide descanso si está acostumbrado a no hacerlo.
La fatiga mental que no siempre identificamos
Pero el cansancio no es solo físico.
También existe la fatiga mental.
Y muchas veces es la más invisible.
Esta semana hablaba con un paciente que duerme mal desde hace tiempo, apenas 4 o 5 horas interrumpidas.
Me decía que era una persona tranquila, sin estrés.
No hacía actividad física ni mental durante el día, aunque nunca lo había hecho.
Cuando le pregunté desde cuándo dormía mal, me respondió algo muy concreto:
“Desde que me jubilé”.
Cuando el vacío también cansa
Ese comentario me dio una pista importante.
Antes de jubilarse, esta persona tenía un trabajo con mucha responsabilidad y carga mental.
Tomaba decisiones constantemente.
Gestionaba equipos.
Su mente estaba activa todo el día.
Pero de repente, todo eso desapareció.
Y no fue reemplazado por otra actividad que lo mantuviera estimulado.
El equilibrio entre el exceso y la ausencia
Muchas personas sueñan con dejar de trabajar.
Y es comprensible.
Pero pocas se preguntan qué harían después con ese vacío.
Aquí aparece algo clave en la salud y el bienestar: el equilibrio entre actividad y descanso.
Ni el exceso de actividad ni la inactividad total son sostenibles a largo plazo.
Actividades que dan energía y actividades que la drenan
Hay algo que también me parece clave.
No todas las actividades generan el mismo efecto en tu energía.
Las actividades pasivas, como ver vídeos o pasar tiempo delante de una pantalla, son fáciles de hacer, pero tienden a drenar energía.
Y hay otras que requieren cierta inversión inicial, pero te devuelven mucho más después.
Salir a caminar.
Cocinar algo nuevo.
Mover un mueble de sitio.
Crear algo con las manos.
Descubrir lo que te recarga de verdad
Las actividades que te dan energía no son iguales para todo el mundo.
Para algunas personas es caminar.
Para otras cocinar.
Para otras cuidar plantas, pintar, escribir o aprender algo nuevo.
Depende de quién eres.
Y de cómo estás conectada contigo misma.
Si sientes que estás en ese punto en el que te cuesta reconectar contigo y no sabes por dónde empezar, he creado una guía gratuita que puede ayudarte.
Está pensada para que vuelvas a poner el foco en ti y reconectes contigo misma.
Cuando crees que no te gusta nada
A veces también escucho algo muy común.
“Es que a mí no me gusta hacer nada”.
Pero cuando profundizas un poco más, aparece otra verdad.
Quizá no es que no te guste nada.
Quizá es que no te gusta hacerlo sola.
Recuerdo una paciente que decía que odiaba el deporte.
Le propuse algo muy sencillo: caminar con una amiga mientras hablaban.
Algo cambió.
Ya no era “hacer deporte”.
Era compartir tiempo, hablar, desconectar.
Y ahí apareció otra energía completamente distinta.
Años atrás, antes de ser madre, yo misma obligué a mi mejor amiga a venir a caminar conmigo cada día.
Al principio no le gustaba nada.
Pero al cabo de unas semanas, ese paseo se convirtió en nuestro momento favorito del día.
No era el ejercicio en sí.
Era el espacio para hablar, reírnos y desconectar de todo lo demás.
Encontrar tu propio equilibrio
No se trata de forzarte a hacer cosas que odias.
Ni de vivir en una productividad constante.
Se trata de observarte.
De entender qué tipo de actividad te recarga.
La fatiga femenina no siempre es falta de descanso.
A veces es falta de movimiento, exceso de estímulo mental o desconexión.
Y muchas veces es una mezcla de todo eso.
Cuando empiezas a entenderlo, dejas de luchar contra tu energía y empiezas a escucharla.
Un espacio para seguir profundizando contigo misma
Si este tipo de reflexiones te ayudan a entender mejor tu energía, el cansancio o tu forma de funcionar, en mi newsletter comparto ideas sobre bienestar y autoconocimiento desde una mirada muy cotidiana y real.
Es un espacio más íntimo donde seguimos profundizando en todo esto.
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