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Las creencias que aprendiste de pequeña y que siguen limitando tu vida sin que lo notes

Cómo la historia de Matilda explica la forma en la que interiorizamos mensajes sobre nuestro valor, capacidades e identidad desde la infancia


Niña leyendo un libro en el jardín

Los “hechizos” invisibles que aprendes sobre ti cuando eres pequeña


Hay personas que crecen sin darse cuenta de que están aprendiendo algo muy profundo sobre sí mismas.


No lo aprenden en una clase.

Ni en una conversación concreta.


Lo aprenden en lo cotidiano.


En cómo les hablan.

En cómo les miran.

En cómo reaccionan los adultos a su forma de ser.


Y lo más importante es esto:

muchas veces no recuerdan el momento exacto en el que dejaron de confiar en sí mismas.

Simplemente un día descubren que ya no lo hacen.


Lo que realmente representa Matilda


La historia de Matilda parece, a simple vista, una película infantil.

Pero debajo de esa historia hay algo muchísimo más profundo.


Porque Matilda no habla solo de una niña inteligente.


Habla de cómo aprendemos quién creemos que somos.

Habla de los mensajes invisibles que absorbemos desde pequeñas.

Mensajes que terminan convirtiéndose en identidad.


Mensajes como:

“No molestes.”

“No destaques.”

“No eres suficiente.”

“Es mejor que te hagas pequeña.”


Y el problema es que esos mensajes no suelen sentirse como opiniones externas.

Terminan sintiéndose como verdad.


Una niña brillante en un entorno que no sabe verla


Matilda es extremadamente inteligente.


Aprende a leer sola desde muy pequeña.

Tiene curiosidad, sensibilidad y una mente muy despierta.


Pero crece en un entorno que no sabe qué hacer con alguien como ella.


Sus padres no la valoran.

No la escuchan.

La ridiculizan constantemente.


Y aunque no exista violencia explícita continua, sí hay algo mucho más silencioso y profundo:

La desvalorización cotidiana.

La sensación constante de que su existencia molesta.


Y en la escuela, la situación tampoco mejora.


La directora, la señorita Trunchbull, representa exactamente lo contrario de lo que un niño necesita para desarrollarse emocionalmente:


Control.

Humillación.

Miedo.


Cómo empiezan los “hechizos” invisibles


El escritor Don Miguel Ruiz habla en Los Cuatro Acuerdos de una idea muy poderosa.


Dice que desde que nacemos vivimos dentro de un sistema de lenguaje, creencias e ideas que absorbemos sin cuestionar.


Y a esos mensajes los llama “hechizos”.


No porque sean mágicos literalmente.

Sino porque tienen poder sobre la percepción que construimos de nosotras mismas.


Porque una vez que los interiorizas, empiezan a actuar desde dentro.

Y eso es exactamente lo que le ocurre a Matilda.


Crece rodeada de mensajes constantes:

“Eres un problema.”

“No encajas.”

“No eres importante.”

“Deberías ser diferente.”


Y como todavía es una niña, no tiene capacidad para cuestionarlos.

Así que los absorbe.


Cuando los mensajes se convierten en identidad


Aquí es donde ocurre algo muy importante.


Los “hechizos” no se quedan como frases aisladas.

Empiezan a convertirse en identidad.


Y eso cambia completamente la forma en la que una persona vive.


Porque llega un momento en el que ya no piensas:

“Mis padres me hicieron sentir pequeña.”


Empiezas a pensar:

“Yo soy pequeña.”


Y lo mismo ocurre con muchísimas creencias que muchas personas arrastran hasta la adultez.


“No debo molestar.”

“Es mejor callarme.”

“No soy tan capaz.”

“No soy importante.”


No se sienten como pensamientos aprendidos.

Se sienten como realidad.


Y ahí está la parte más delicada de todo esto.

Porque la identidad termina dirigiendo el comportamiento.


Cuando dejas de confiar en ti sin darte cuenta


Muchas personas adultas siguen viviendo dentro de acuerdos que hicieron consigo mismas hace años.


No acuerdos conscientes.

Acuerdos emocionales.


Decisiones internas que surgieron como forma de adaptarse y sentirse seguras.


Si creciste sintiendo que destacar era peligroso, probablemente hoy minimices tus capacidades.


Si creciste sintiendo que tus emociones molestaban, quizá hoy te cueste expresar lo que necesitas.


Y si creciste sintiendo que nunca eras suficiente… probablemente sigas intentando demostrar constantemente tu valor.


No porque sea verdad.

Sino porque aprendiste a sobrevivir así.


La importancia de que alguien te vea de verdad


La historia de Matilda cambia cuando aparece alguien diferente:

La señorita Honey.


Y esto es clave.

Porque por primera vez, Matilda se encuentra con una persona que no intenta reducirla.


La escucha.

La reconoce.

La trata con respeto.


Y ahí ocurre algo profundamente transformador.


Matilda empieza a recibir mensajes distintos.

Mensajes que no la empequeñecen, sino que la expanden.


“Eres inteligente.”

“Lo que piensas importa.”

“Eres capaz.”

“No eres demasiado.”


Y aunque parezcan frases simples, tienen muchísimo poder.


Porque empiezan a contrarrestar los antiguos hechizos.

Empiezan a abrir dentro de ella la posibilidad de otra identidad.


Si algo de esto resuena contigo…


Si mientras lees este artículo has sentido que algo dentro de ti se mueve, quiero compartirte algo.


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El verdadero poder de Matilda


En la película, Matilda desarrolla telequinesia.

Puede mover objetos con la mente.


Y sí, eso es lo que convierte la historia en una fantasía.

Pero ese no es su verdadero poder.


Su verdadero poder es mucho más humano.


Empieza a creer en sí misma.


Porque si hubiera seguido creyendo que no valía nada, jamás habría utilizado sus capacidades.

Jamás habría confiado en su percepción.

Jamás habría actuado.


Lo que realmente le permite enfrentarse a la directora no es la magia.

Es la confianza creciente en su propio valor.


Y eso cambia completamente la forma de posicionarse en el mundo.


Cómo estos “hechizos” siguen actuando en la vida adulta


Aquí es donde esta historia deja de ser solo una película.


Porque muchísimas personas adultas siguen viviendo dentro de mensajes aprendidos hace décadas.


Mensajes como:

“Es mejor no destacar.”

“Es mejor no hablar demasiado.”

“No soy buena para esto.”

“No tengo nada especial.”


Y lo más fuerte es que muchas veces ni siquiera son conscientes de ello.

Simplemente viven desde ahí.


Se frenan antes de intentarlo.

Se minimizan constantemente.


Dudan de sí mismas aunque tengan capacidades reales.


No porque les falte potencial.

Sino porque todavía siguen viendo el mundo a través de esos antiguos acuerdos internos.


El primer paso no es cambiarte


Aquí hay algo importante.


El primer paso no es convertirte en otra persona.

El primer paso es empezar a ver.


Ver qué frases repites sobre ti.

Ver qué ideas das por ciertas sin cuestionarlas.

Ver cuándo te abandonas sin darte cuenta.


Porque cuando el hechizo deja de ser invisible… pierde parte de su poder.


No desaparece automáticamente.

Pero algo cambia.


Empiezas a separar quién eres realmente de lo que aprendiste a creer sobre ti.


La posibilidad de escribir una historia distinta


Matilda no cambia porque alguien venga a rescatarla.


Cambia porque empieza a creer algo distinto sobre sí misma.

Y eso abre una nueva forma de actuar.


Más libre.

Más consciente.

Más alineada con quien realmente es.


Y eso también puede ocurrir en la vida real.


No de golpe.

No de forma perfecta.

Sino poco a poco.


A medida que empiezas a cuestionar todo aquello que durante años asumiste como verdad.


Quizá no eres quien te hicieron creer


Muchas personas pasan años enteros intentando convertirse en alguien “suficiente”.


Sin darse cuenta de que el verdadero problema nunca fue su valor.

Fue la historia que aprendieron sobre sí mismas.


Y quizá por eso este tema toca algo tan profundo.


Porque en el fondo, casi todas las personas cargan con algún hechizo invisible.


Pero los hechizos no son más fuertes que la verdad de quién eres.

Solo parecen fuertes mientras permanecen ocultos.


Y quizá el inicio del cambio no sea exigirte más.

Quizá sea empezar a mirar tu historia con otros ojos.


Volver a ti misma


Si este artículo te ha ayudado a entenderte un poco mejor, quiero recordarte algo importante:


No eres lo que te dijeron que eras.

Eres mucho más que las ideas que aprendiste sobre ti cuando eras pequeña.


Y si quieres empezar a reconectar contigo desde un lugar más consciente, puedes descargar gratis mi guía Redescúbrete haciendo clic en el botón que encontrarás justo debajo.



Quizá no puedas cambiar todo tu pasado.


Pero sí puedes empezar a cuestionar los hechizos que todavía siguen definiendo tu presente.

 
 
 

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