Cómo dejar de buscar aprobación y empezar a ser tú misma
- Marina Jerez

- hace 8 horas
- 3 Min. de lectura
El origen del autorechazo, la influencia de la necesidad de aprobación y el cambio interno necesario para recuperar una relación sana contigo misma.

Aprendemos a rechazarnos
Hay una idea profundamente incómoda, pero liberadora, que aparece en el libro Los cuatro acuerdos de Don Miguel Ruiz: no nacemos rechazándonos a nosotros mismos.
Aprendemos a hacerlo.
Desde pequeños, somos “domesticados”.
Nuestros padres, la escuela, la sociedad… todos nos enseñan qué está bien y qué está mal, qué es aceptable y qué no.
Y aunque esta domesticación tiene una función —permitirnos convivir en sociedad—, también tiene un precio silencioso: empezamos a construir nuestra identidad en función de la aprobación externa.
Aprendemos que ser queridos depende de comportarnos de cierta manera.
Y así comienza el problema.
Las máscaras que nos alejan de nosotras mismas
Poco a poco, dejamos de escucharnos para empezar a adaptarnos.
Nos alejamos de lo que sentimos de verdad para encajar en lo que se espera de nosotros.
Nos ponemos máscaras: la persona agradable, la responsable, la fuerte, la que no molesta, la que siempre cumple.
Pero esas máscaras, aunque funcionales, no son gratuitas.
Porque mientras más miramos hacia fuera buscando aprobación, más nos desconectamos de dentro.
Y en ese proceso, ocurre algo doloroso: empezamos a rechazarnos.
Nos juzgamos.
Nos exigimos.
Nos hablamos mal.
Nos sentimos insuficientes.
Y lo más paradójico es esto: buscamos desesperadamente que los demás nos quieran… mientras nosotros mismos no lo hacemos.
Vivimos persiguiendo una versión ideal de quién deberíamos ser para merecer amor.
Una versión que casi nunca alcanzamos.
Y eso nos mantiene atrapados en un ciclo constante de insatisfacción y desgaste emocional.
La salida: volver a ti
Romper este patrón no es inmediato ni fácil.
Pero sí es posible.
Y empieza con un gesto que puede parecer pequeño, pero es profundamente transformador: atreverte a ser un poco más auténtica.
No se trata de rebelarte contra todo ni de ir en contra del sistema. Se trata de algo mucho más sutil y poderoso:
— Decir que no cuando quieres decir que no.
— Priorizarte sin sentirte culpable.
— Hacer cosas porque te nacen, no porque te validan.
— Dejar de actuar para gustar y empezar a actuar para ser.
La autenticidad no es un acto puntual.
Es una práctica.
Y como toda práctica, se entrena.
Una forma sencilla de empezar a practicar la autenticidad
Empieza por observarte en tu día a día con una sola pregunta:
“¿Esto lo hago porque quiero… o porque espero aprobación?”
No necesitas cambiar nada al principio.
Solo darte cuenta.
Quizá sonríes cuando no te apetece.
Quizá dices “sí” cuando quieres decir “no”.
Quizá callas una opinión por miedo a incomodar.
Detectar estos momentos ya es un primer paso enorme.
Porque lo que se hace consciente, se puede transformar.
Cuando te sientas preparada, elige una situación pequeña y segura en la que puedas actuar de forma más alineada contigo.
Sin forzarte.
Sin exigirte perfección.
Autenticidad no es hacerlo todo distinto de golpe.
Es empezar a elegirte, poco a poco.
Empezar a hablarte mejor
El diálogo interno es uno de los pilares del autorechazo.
Muchas personas se dicen a sí mismas cosas que jamás le dirían a alguien que quieren.
Y aquí hay un cambio clave que puedes empezar hoy mismo:
Háblate como le hablarías a alguien a quien amas.
No hace falta que te repitas frases positivas que no sientes.
Empieza por algo más realista y humano:
— Cambia el “soy un desastre” por “estoy aprendiendo”.
— Cambia el “no hago nada bien” por “esto no me ha salido como esperaba, pero puedo mejorar”.
— Cambia el juicio por comprensión.
Tu voz interna no tiene por qué ser perfecta.
Pero sí puede ser más amable.
Y esto tiene un efecto profundo: cuando dejas de atacarte, empiezas a sentirte más segura.
Y cuando te sientes más segura, necesitas menos la aprobación externa.
Cerrando el círculo
Curiosamente, cuando empiezas a tratarte mejor, también empiezas a tratar mejor a los demás.
Porque ya no hablas desde la exigencia o la carencia, sino desde un lugar más tranquilo, más honesto.
Y tus relaciones cambian.
No porque ahora hagas más por los demás, sino porque dejas de hacer desde la necesidad de ser validada.
Empiezas a relacionarte desde quien eres, no desde quien crees que deberías ser.
Y ahí ocurre algo poderoso:
Dejas de buscar amor… y empiezas a permitirte sentirlo.
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